La situación del sistema energético en Cuba es crítica y requiere una inversión mínima de 6.612 millones de dólares para su recuperación, de acuerdo con un informe elaborado por el Cuba Study Group (CSG). Este estudio, dirigido por el economista cubano Ricardo Torres, resalta que la capacidad de generación eléctrica del país enfrenta un deterioro alarmante, que podría resolverse solo a través de reformas estructurales que faciliten un entorno propicio para inversiones sostenidas.

Torres enfatiza que la recuperación del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) no solo depende de la inyección de capital, sino también de un marco institucional y económico que asegure la viabilidad operativa del sistema. En este sentido, el informe sostiene que la modernización del sector eléctrico cubano es inadmisible sin una transformación económica que restablezca la solvencia del país. La falta de reformas adecuadas ha llevado a una crisis crónica que se ha intensificado en los últimos tiempos, generando un ciclo de apagones y cortes eléctricos generalizados.

El análisis de la situación revela que Cuba ha experimentado siete apagones a nivel nacional en un período de dieciocho meses, lo que pone de manifiesto la gravedad de la crisis. La población ha tenido que adaptarse a cortes eléctricos que superan las 15 horas diarias, lo que ha impactado negativamente en la actividad económica y el bienestar de las familias cubanas. Esta situación no solo ha limitado el acceso a energía eléctrica, sino que también ha afectado la capacidad del Estado para proporcionar servicios básicos, exacerbando la insatisfacción social.

El informe destaca que la cifra de inversión mencionada es solo un estimado mínimo e indicativo, que no incluye la necesaria rehabilitación de la red de transmisión y distribución de energía. Torres advierte que las soluciones parciales no serán suficientes para afrontar la magnitud del deterioro en la infraestructura eléctrica. Para revertir esta tendencia, se requiere un enfoque integral que contemple la actualización de las plantas existentes y la construcción de nuevas instalaciones que aseguren la continuidad del suministro eléctrico.

Para lograr una recuperación efectiva, es esencial revitalizar las termoeléctricas y fomentar la generación distribuida, así como diversificar el mix energético hacia fuentes renovables como la solar y la eólica. El informe sugiere que, a medio plazo, incrementar la proporción de energías renovables es crucial, ya que en 2024 esta representaba menos del 5% de la matriz energética cubana. La dependencia de fuentes fósiles, como el diésel y el fueloil, limita las opciones de desarrollo sostenible.

Torres también menciona el potencial de la biomasa y el etanol, que están intrínsecamente ligados a la industria azucarera, otro sector que enfrenta serias dificultades. La zafra de 2025 fue calificada como la peor en más de un siglo, lo que subraya la necesidad de integrar estrategias que potencien tanto la producción de energía como el desarrollo agroindustrial. La solución a la crisis eléctrica de Cuba no solo es un asunto de inversión, sino también de transformación estructural que permita un crecimiento sostenible en el futuro.