En Quito, la capital ecuatoriana, la situación en las gasolineras ha comenzado a generar preocupación entre los conductores, quienes enfrentan largas esperas y escasez de combustible. Desde el fin de semana pasado, la escasez de gasolina se ha vuelto un tema recurrente, con carteles que informan "No hay Extra" o "llegará en la tarde" en varias estaciones de servicio. Este fenómeno se ha visto intensificado por el reciente aumento en los precios de los combustibles, que ha dejado a muchos ciudadanos en una situación complicada a la hora de llenar sus tanques.

Las autoridades han tratado de minimizar el impacto de la crisis, asegurando que el suministro de combustible se mantiene normal. Sin embargo, observaciones en el terreno indican que la realidad es diferente. En diversas gasolineras, se reportó la falta de gasolina de varios tipos, con la oferta limitada en muchas ocasiones a solo gasolina Súper, que es la más cara y menos empleada por los usuarios. Esta situación ha llevado a los conductores a esperar durante horas, a menudo sin la certeza de conseguir el tipo de combustible que necesitan.

La reciente alza de precios, que se implementó el martes, incrementó el costo de la gasolina Extra y la Ecopaís, que pasaron de 3,02 a 3,16 dólares por galón. A su vez, la gasolina Súper Premium alcanzó un precio de 4,81 dólares, mientras que el diésel premium se fijó en 3,10 dólares por galón. Este aumento ha generado un descontento generalizado, especialmente entre los taxistas, que dependen de la gasolina Extra, la más económica. Muchos de ellos han expresado su frustración al encontrarse con la imposibilidad de abastecer sus vehículos, lo que repercute directamente en sus ingresos.

Un taxista que esperaba en una gasolinera de Quito comentó: "Estoy a medio gas. No voy a repostar hasta que haya Extra", subrayando que repostar con gasolina Súper representa una pérdida significativa, ya que no pueden ajustar sus tarifas de acuerdo a los nuevos costos. Este testimonio refleja el impacto que la escasez de combustible está teniendo en el sector del transporte, un pilar fundamental de la economía ecuatoriana.

Por su parte, las autoridades han intentado justificar la situación. El viceministro de Hidrocarburos, Eduardo Racines, afirmó que el despacho de combustible se estaba llevando a cabo con normalidad, mientras que el Ministerio de Ambiente y Energía apuntó a las distribuidoras como responsables por presunto acaparamiento de gasolina. Sin embargo, esta afirmación ha sido desmentida por el presidente de la Cámara Nacional de Distribuidores de Derivados del Petróleo, Ivo Rosero, quien ha calificado las declaraciones oficiales como engañosas y ha indicado que la crisis no se debe a acaparamiento, sino a problemas logísticos.

Rosero también reveló que hay racionamientos de hasta el 50% en algunos centros de distribución, como los terminales de El Beaterio en Quito y Pascuales en Guayaquil. Esta falta de información por parte de Petroecuador sobre la situación actual del abastecimiento ha generado aún más desconfianza entre los ciudadanos. Además, el dirigente vinculó la crisis con la disminución en la producción de la refinería de Esmeraldas, la más grande del país, lo que podría estar afectando la disponibilidad de combustible en todo el territorio.

La situación de desabastecimiento de combustibles en Ecuador representa un desafío significativo para el gobierno, que deberá abordar tanto la gestión del suministro como la insatisfacción de la población. Con un panorama incierto y la posibilidad de que la crisis continúe, es crucial que se implementen soluciones efectivas para garantizar el acceso a los combustibles y mitigar el impacto en la economía de los ciudadanos.