El exmandatario ecuatoriano Rafael Correa ha hecho declaraciones contundentes respecto a la situación de su exvicepresidente Jorge Glas, quien se encuentra encarcelado en condiciones que Correa describe como las peores para un preso político en América Latina. Esta afirmación surge tras la reciente negativa de un juez a otorgar un habeas corpus correctivo que buscaba mejorar las condiciones de vida de Glas en la prisión de máxima seguridad, donde se encuentra recluido. En sus mensajes en redes sociales, Correa no escatimó en señalar que Glas está siendo sometido a una especie de tortura al no recibir la atención médica y alimentaria que requiere, resaltando que su peso ha caído drásticamente a 69 kilos, una cifra alarmante para alguien que mide 1,83 metros.

El contexto de esta situación se agrava al recordar que el pasado domingo se cumplió el segundo aniversario del asalto a la Embajada de México en Quito, un hecho que marcó un punto de quiebre en las relaciones diplomáticas entre Ecuador y México. Este asalto fue ordenado por el actual presidente Daniel Noboa, y tuvo como objetivo la captura de Glas, quien contaba con asilo político en la embajada mexicana. La acción provocó una crisis diplomática significativa, evidenciando la tensión existente en la política ecuatoriana, donde las decisiones del gobierno actual han sido objeto de críticas por parte de la oposición y de defensores de derechos humanos.

Durante la audiencia del sábado, Glas expresó su desesperación ante el juez, manifestando que está luchando no solo por su libertad sino también por su supervivencia diaria. "Despertar, pasar la tarde y acostarse con hambre" fueron algunas de las desgarradoras palabras que pronunció, planteando un retrato crudo de su realidad en prisión. Estas declaraciones han resonado en diversos sectores de la sociedad ecuatoriana, generando un debate sobre el trato que reciben los prisioneros y las condiciones en las que se encuentran, especialmente aquellos vinculados a la política.

El gobierno, por su parte, ha defendido la atención que recibe Glas, afirmando que ha tenido acceso a 79 atenciones médicas desde su ingreso a la Cárcel del Encuentro, una instalación diseñada siguiendo el modelo del presidente salvadoreño Nayib Bukele. Además, se ha indicado que Glas tiene una dieta adaptada a sus necesidades de salud, junto con suplementos alimenticios. Sin embargo, estas afirmaciones no parecen ser suficientes para calmar las preocupaciones sobre el bienestar del exvicepresidente, quien ha denunciado constantemente la falta de atención adecuada y el deterioro de su estado físico.

El magistrado encargado del caso justificó la negativa al habeas corpus, argumentando que no se presentaron pruebas que evidencien violaciones a los derechos de Glas. Esta decisión ha suscitado reacciones adversas entre los seguidores de Correa y otros sectores que abogan por una revisión de las condiciones carcelarias en el país. La situación de Glas se presenta como un reflejo de las tensiones políticas actuales en Ecuador, donde la polarización entre el oficialismo y la oposición se ha intensificado.

En sus declaraciones, Correa expresó que, independientemente de las acusaciones en contra de Glas, las condiciones a las que está sometido son inaceptables en cualquier sociedad civilizada. Aseguró que el exvicepresidente "vivirá por siempre" en la memoria de los ecuatorianos, mientras que aquellos que lo persiguen terminarán siendo olvidados en el "basurero de la historia". Este mensaje no solo busca reivindicar la figura de Glas, sino también levantar una voz sobre los derechos humanos y el tratamiento de los prisioneros políticos en el continente, un tema que sigue generando controversia y debate en varios países de América Latina.