Durante el año 2025, las emisiones de dióxido de carbono generadas por centrales eléctricas en Estados Unidos experimentaron un incremento del 4%, según datos de la Agencia de Protección Ambiental. Este aumento se debe en gran parte al resurgimiento de la generación de energía a partir del carbón, un fenómeno impulsado por el regreso de Donald Trump a la presidencia y políticas que favorecen la continuidad de plantas en lugar de su cierre.

El repunte en el uso de carbón, aunque vinculado a condiciones estacionales como un invierno más frío y precios elevados del gas natural, también refleja decisiones del gobierno y de las empresas eléctricas de no cerrar ciertas centrales. Esto podría consolidar al carbón como una fuente de energía relevante en el corto plazo, a pesar de los esfuerzos por reducir las emisiones contaminantes.

Según la Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA), el año pasado se registró un aumento del 13% en la generación eléctrica a partir de carbón, un hecho inusual en una industria que había visto una tendencia a la baja en las últimas dos décadas. A pesar de los avances logrados en la reducción de emisiones desde 2005, las cifras recientes indican un estancamiento en la disminución total de gases de efecto invernadero en el país, evidenciando un desafío considerable en la lucha contra el cambio climático.