La situación en el jardín de infantes N° 261 “Paulo Freire” de Rosario se ha intensificado tras la aparición de dos nuevas denuncias por abuso que se suman a la acusación original contra el portero de la institución. Este jueves, fuentes judiciales confirmaron que todas las denuncias provienen de familias de alumnos del mismo establecimiento, lo que ha generado un clima de creciente preocupación entre los padres y la comunidad educativa. La Fiscalía de Rosario, a cargo de la fiscal Antonela Valente, está en proceso de recolección de pruebas y ha solicitado una extensión de los plazos procesales para poder llevar a cabo nuevas medidas que fortalezcan la investigación.
El portero, de 55 años, fue trasladado al Complejo Penitenciario El Order luego de haber estado en la Comisaría 10ª, donde fue detenido el día de su arresto. La fiscal Valente ha comenzado a tomar declaraciones, incluyendo la de la madre del niño de 4 años que realizó la primera denuncia. Este testimonio es crucial para la investigación, ya que la fiscalía planea llevar a cabo una Cámara Gesell con el menor para obtener su versión de los hechos en un entorno controlado y adecuado para su edad.
El escándalo ha llevado a la suspensión de clases en el jardín, con la reanudación programada para el próximo lunes. Además, el martes se llevará a cabo una reunión entre padres, directivos y representantes del Ministerio de Educación para discutir la situación y las medidas que se implementarán para garantizar la seguridad de los niños. La comunidad educativa ha expresado su indignación y preocupación, reclamando respuestas claras por parte de las autoridades y exigiendo la implementación de protocolos de protección más rigurosos.
Desde que se hizo pública la primera denuncia el 10 de junio, la situación ha escalado rápidamente. Un grupo de padres se reunió frente al jardín para exigir explicaciones y manifestar su descontento, lo que derivó en momentos de alta tensión. En medio de estos incidentes, la policía tuvo que intervenir, lo que resultó en tres agentes heridos y la detención de tres adultos por agresiones, aunque estos fueron liberados poco después.
La respuesta de las autoridades ha sido reforzada, con un aumento notable en la presencia policial tanto en el jardín como en la escuela primaria asociada. Estas medidas parecen ser necesarias, dado el nivel de agitación que ha generado el caso en la comunidad. La preocupación por la seguridad de los niños ha llevado a muchos padres a cuestionar las políticas de protección implementadas por la institución educativa y la respuesta del sistema educativo ante situaciones tan graves.
La fiscal Valente enfrenta un desafío complejo mientras intenta avanzar en una investigación que no solo afecta a una familia, sino que ha conmocionado a toda una comunidad. Con la posibilidad de que surjan más denuncias, el caso se perfila como un ejemplo de la necesidad de tomar en serio las denuncias de abuso y de implementar mejoras en los mecanismos de denuncia y protección dentro de los entornos educativos. A medida que se desarrollan los acontecimientos, será fundamental seguir de cerca el avance de la investigación y las acciones que se tomen para asegurar la integridad de los menores en el ámbito escolar.



