Ecuador ha dejado de ser únicamente un punto de paso para el narcotráfico en la región andina, y ha escalado hasta el quinto lugar en el Índice Global de Crimen Organizado 2025, que se publicó recientemente. Este informe evalúa a 193 países y Ecuador obtuvo un puntaje de criminalidad de 7,48 sobre 10, lo que lo coloca entre los lugares con mayor complejidad para la gobernanza en relación a economías ilícitas y redes criminales. Este cambio significativo refleja una transformación en el rol del país dentro del contexto del crimen transnacional.

A nivel de Sudamérica, el promedio de criminalidad es de 6,13, siendo esta la segunda región con mayor incidencia de delitos en el mundo. Sin embargo, el rendimiento de Ecuador supera ampliamente ese promedio, consolidándose como uno de los casos más preocupantes del hemisferio. Este ascenso no puede atribuirse a un solo mercado ilícito, sino que resulta de la convergencia de diversas economías criminales y la creciente sofisticación de los actores involucrados.

El tráfico de cocaína se mantiene como el principal motor detrás de esta situación. En el contexto regional, este mercado alcanza un puntaje de 8,42, el más alto entre los evaluados. Ecuador, situado entre Colombia y Perú, los principales productores globales de cocaína, se ha convertido en un punto estratégico para el almacenamiento, procesamiento y envío de estas sustancias hacia Europa y Norteamérica. Además, la infraestructura portuaria y la dolarización de su economía han contribuido a facilitar tanto la logística como el lavado de activos, lo que ha permitido la expansión de otras actividades delictivas como el tráfico de armas y el contrabando de bienes.