Las autoridades afganas han denunciado una serie de bombardeos realizados por Pakistán que han causado la muerte de al menos 52 civiles en diversas provincias. Estos ataques, que comenzaron el 21 de febrero, han tenido un impacto devastador, destruyendo viviendas y generando significativas pérdidas económicas para la población afectada, compuesta en su mayoría por mujeres y niños.
El viceportavoz talibán, Hamdulá Fitrat, informó que los bombardeos se dirigieron principalmente a campamentos de desplazados, residencias y espacios públicos. Las provincias más afectadas incluyen Nangarhar, Kandahar, Paktika, Jost y Kunar. Además de las víctimas fatales, se reportaron 66 heridos y la destrucción total de ocho hogares, mientras que otros 14 sufrieron daños parciales. Esta situación ha empeorado la ya crítica condición de los civiles que viven en estos asentamientos.
El Ministerio de Refugiados de Afganistán calificó los ataques como indiscriminados, subrayando que muchos de los fallecidos eran personas que habían sido desplazadas previamente por la violencia en el país. Este conflicto se desarrolla en medio de una creciente tensión entre el Gobierno talibán y las autoridades paquistaníes, que han declarado una “guerra abierta” contra los talibanes tras una serie de ataques provenientes del territorio afgano. La situación humanitaria se ha vuelto insostenible, aumentando la vulnerabilidad de los grupos más afectados, como mujeres y niños, quienes han perdido su hogar y medios de subsistencia en esta crisis.



