Vox se presentó en Castilla y León con grandes expectativas, impulsado por un notable crecimiento que había generado un ambiente de optimismo en su campaña. Sin embargo, los resultados de las elecciones no fueron los esperados, ya que obtuvieron un solo escaño más, alcanzando un total de 14, con un 18,9% de los votos. Esta cifra contrasta con el 35,4% del Partido Popular y el 30,8% del PSOE, lo que marca un descenso en comparación a sus aspiraciones de conseguir entre cuatro y cinco escaños adicionales.

A pesar de esto, la formación de ultraderecha se mantiene como un actor clave en la política regional, ya que el Partido Popular necesitará su apoyo para alcanzar la mayoría absoluta y poder investir a Alfonso Fernández Mañueco. Carlos Pollán, líder de Vox en la región, expresó su satisfacción por el resultado, afirmando que se ha alcanzado el mejor desempeño de la historia del partido en España, lo que refuerza su posición como una fuerza consolidada en el panorama político.

Sin embargo, el resultado en Castilla y León llega como un balde de agua fría en comparación con las elecciones recientes en Extremadura y Aragón, donde Vox logró duplicar sus escaños y aumentar su porcentaje de votos. A pesar de su éxito en esos territorios, el contexto de Castilla y León, donde ya contaban con una base sólida, limitó sus posibilidades de crecimiento. Aunque el resultado no fue el esperado, Vox sigue siendo un jugador influyente en la configuración del futuro político de la región.