Hace más de dos décadas, Katia D’Apostolo y su esposo, Guido Pica, tomaron una decisión radical que transformaría sus vidas y la de sus cuatro hijos: mudarse a lo alto de una colina en Accumoli, en el centro de Italia. Lejos del ajetreo y del centro histórico devastado por el terremoto de 2016, construyeron su hogar desde cero. Katia, de 49 años, recuerda que al principio contaban apenas con una estufa de gas, un par de ollas que lavaban en una fuente exterior y sin baño.
La familia comenzó su vida en la montaña durmiendo en el pueblo por las noches, pero cuando sus tres hijos mayores ya podían caminar y el cuarto estaba por nacer, decidieron establecerse definitivamente. Con el tiempo, su casa se amplió para incluir una cocina, un comedor y dormitorios, mientras que su granja se convirtió en un pequeño ecosistema con un centenar de animales, que van desde vacas hasta caballos. Esta vida en contacto con la naturaleza y el trabajo diario se convirtió en su realidad, como señala Katia.
Aunque inicialmente los niños asistieron a la escuela primaria del pueblo, Katia pronto optó por educarlos en casa. "Fue la mejor decisión que pude haber tomado", afirma. En lugar de seguir el ritmo escolar tradicional, la familia eligió un enfoque de aprendizaje práctico en el que los niños participan activamente en las tareas de la granja. Hoy, ninguno de sus hijos posee un diploma de secundaria, pero han aprendido a manejar sus propias responsabilidades y han comenzado a emprender, asegurando que no necesitan un título para trabajar en lo que les apasiona.



