Un estudio realizado en las cuevas de Malalmuerzo, Carigüela y Majolicas, en Granada, concluyó que el canibalismo durante el Neolítico en el sur de Iberia no fue una práctica uniforme ni se concentró en un único período. Según los resultados, se trató de episodios recurrentes, separados en el tiempo y vinculados con distintos contextos sociales y motivaciones.
Más de cinco décadas después de que estos sitios se convirtieran en referencias para el análisis del canibalismo prehistórico, un equipo internacional revisó cerca de un millar de restos humanos procedentes de los tres conjuntos. La investigación combinó dataciones por radiocarbono con nuevas técnicas de análisis tafonómico, una disciplina que estudia los procesos que afectan a los restos óseos desde la muerte hasta su hallazgo.
El objetivo fue determinar si los huesos habían sido manipulados de manera intencional. Para eso, fueron examinados al microscopio en busca de marcas de corte, fracturas, golpes y señales de dientes. Los investigadores también analizaron si las roturas se habían producido cuando el hueso todavía estaba fresco o si habían ocurrido tiempo después de la muerte.
Además, el equipo utilizó herramientas estadísticas y técnicas de machine learning para distinguir entre daños accidentales y alteraciones provocadas por la acción humana. La edad de los individuos fue estimada a partir de las piezas dentales y del grado de desarrollo del esqueleto. A ese análisis se sumaron las dataciones directas por radiocarbono, que permitieron establecer con mayor precisión cuándo se produjeron los episodios y reconstruir las distintas formas en que fueron tratados los restos.



