La reciente ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra instalaciones nucleares en Irán ha reavivado las preocupaciones a nivel global sobre el desarrollo del programa atómico del país persa. El presidente de EE.UU., Donald Trump, justificó la acción militar al afirmar que el objetivo era "erradicar las amenazas inminentes" que representa el régimen iraní, reiterando su postura de que Teherán no debe poseer armamento nuclear.

Irán, por su parte, defiende que su programa nuclear tiene propósitos únicamente civiles, aunque las potencias occidentales y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) siguen mostrando escepticismo. Este organismo ha monitoreado las actividades nucleares iraníes durante años, y la reciente situación ha intensificado las dudas sobre las intenciones de Teherán.

En el marco del conflicto bélico que se extendió por 12 días entre Israel e Irán, Estados Unidos llevó a cabo ataques a tres instalaciones clave en el país, ubicadas en Isfahan, Natanz y Fordo, donde se realiza el enriquecimiento de uranio. A pesar de que Trump afirmó que estos sitios fueron "destruidos", el director del OIEA, Rafael Grossi, indicó que el daño fue severo, pero no irreversible, sugiriendo que las capacidades nucleares podrían reactivarse en un corto plazo. La situación se complica aún más por la falta de acceso del OIEA a las instalaciones atacadas, lo que genera incertidumbre sobre la cantidad y el estado del uranio altamente enriquecido que posee Irán.