Marisa Zurita ha dedicado 20 años de su vida profesional al aeropuerto de Barajas en Madrid, donde actualmente se encuentra en tareas de formación. Sin embargo, su trayectoria incluye un interesante pasado como señalera en la terminal 2, donde su labor era esencial para la seguridad de los pilotos en las pistas. Los señaleros son responsables de garantizar que el aeropuerto funcione de manera óptima, supervisando el estado de las aeronaves y los equipos que las asisten en tierra, una tarea que requiere gran atención al detalle y observación.
La inquietud de Marisa por la observación y su formación en Bellas Artes la llevaron a interesarse por un antiguo taller de motores que había quedado en desuso. Al enterarse de la existencia de los Talleres Aeronáuticos de Barajas (TABSA), un edificio emblemático diseñado por el arquitecto Alejandro de la Sota entre 1957 y 1958, decidió explorar su historia. Esta infraestructura, que alguna vez fue vital para el mantenimiento de motores de aviones, se encuentra al final de la Terminal 1 y ha sido víctima del abandono, con maleza y cristales rotos, aunque sus paredes aún conservan su dignidad.
Convencida de que este espacio podría ser ideal para albergar un museo dedicado a la cultura aeronáutica, Marisa se propuso un objetivo ambicioso. En noviembre de 2024, comenzó a trabajar en un informe sobre la historia del edificio y su potencial uso cultural. Tras presentar su propuesta a la Fundación Enaire, que se ocupa de preservar el patrimonio artístico relacionado con la aviación, y al Ministerio de Cultura, logró que los Talleres Aeronáuticos de Barajas fueran declarados Bien de Interés Cultural (BIC), según se publicó en el BOE el pasado 10 de marzo. Este reconocimiento no solo protege este tesoro arquitectónico, sino que también abre la puerta a la creación de un espacio dedicado a la difusión de la cultura aeronáutica en la sociedad española.



