En el contexto laboral contemporáneo, muchos trabajadores sienten que las expectativas impuestas superan sus capacidades razonables. La extensión de las jornadas laborales, el aumento de responsabilidades y la multiplicación de objetivos sin una compensación justa generan frustración y agotamiento. Esta desigualdad entre el esfuerzo realizado y la recompensa recibida no solo impacta en el desempeño, sino que también afecta la salud emocional y el compromiso hacia la empresa.
Francisco Fernández Yuste, orientador laboral, sostiene que la solución para evitar conflictos se encuentra en ajustar las exigencias a lo que cada empleado percibe como salario. "Las demandas deben corresponder al sueldo que se paga, no a la capacidad o al esfuerzo individual", afirmó en un video de su cuenta de TikTok (@mejoratuexitolaboral). Esta afirmación desafía la noción tradicional de valorar únicamente el esfuerzo personal y enfatiza la relevancia del contrato laboral como el único criterio para que la empresa no sobrecargue a los empleados.
El especialista destaca que la relación entre un trabajador y una empresa es, ante todo, un acuerdo formal. "La relación que mantienes con una compañía es contractual, donde se te remunera por realizar determinadas tareas", explicó. Para Fernández Yuste, no se debe recompensar la buena voluntad sin tener en cuenta el salario: la exigencia debe alinearse con la remuneración. Ignorar este principio puede derivar en problemas como la rotación de personal y la desmotivación, lo que podría ser perjudicial para la empresa.



