En el universo de la literatura, el profesor Severus Snape, en el primer libro de Harry Potter, menciona que un bezoar es una piedra que se encuentra en el estómago de una cabra y que puede salvar a una persona de la mayoría de los venenos. Sin embargo, esta no es una creación de la autora J. K. Rowling, sino que se trata de un objeto real, apreciado por cazadores, aficionados a la taxidermia y coleccionistas que ven en él un trofeo valioso y un vestigio de antiguas creencias sobre sus propiedades mágicas y curativas.
De acuerdo al Museo Nacional de Ciencias Naturales, los bezoares son formaciones de material no digerido que se desarrollan en el estómago o intestino de mamíferos como corzos y rebecos, así como en algunos reptiles y peces. Estas concretaciones se forman alrededor de un núcleo de fibras vegetales, pelo o cuerpos extraños, creando capas que les dan un aspecto redondeado y similar al de una perla. Su color y peso varían según el animal, el órgano en el que se originan y su dieta.
La escasez de estas piedras, que a veces pueden pasar desapercibidas si no se inspeccionan a fondo, ha contribuido a su alto valor en el mercado, donde se venden a precios exorbitantes o se utilizan como piezas de joyería. La palabra bezoar proviene del persa antiguo y significa 'antídoto' o 'defensor contra el veneno', y ya en el antiguo Imperio persa se les atribuían propiedades mágicas. En Europa, su uso se documenta desde el siglo XII, en momentos de gran epidemia, cuando se buscaban remedios contra la peste. Los pueblos indígenas de América también consideraban los bezoares como talismanes, y su creencia se fortaleció con la llegada de los españoles, quienes llevaron esta tradición a las nuevas tierras.



