El hallazgo de agua congelada en cráteres permanentemente oscuros de los polos lunares impulsó proyectos para instalar bases, poblados e incluso complejos industriales en la Luna. Sin embargo, investigadores del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica, en Estados Unidos, advirtieron que la disponibilidad de este recurso no alcanza por sí sola para hacer viables esas propuestas. Sus observaciones fueron difundidas en una publicación de Frontiers in Space Technologies.

La actual geografía lunar se formó, en buena medida, a partir del intenso bombardeo de asteroides que sufrió el satélite poco después de su origen. En las regiones cercanas a los polos hay decenas de cráteres que no reciben luz solar directa desde hace aproximadamente cuatro mil millones de años. Esas zonas, conocidas como “pozos de oscuridad eterna”, registran temperaturas inferiores a los 110 K y funcionan como trampas de frío: en ellas, el hielo de agua puede conservarse sin sublimarse durante períodos extremadamente prolongados, incluso en el vacío de la superficie lunar.

Parte de ese hielo habría llegado con los asteroides. Desde 2013, distintas misiones en órbita lunar cartografiaron con un nivel de detalle cada vez mayor las posibles reservas, cuya cantidad podría alcanzar hasta mil millones de toneladas. La confirmación de agua en los polos modificó las perspectivas sobre las futuras visitas humanas, ya que permitiría pensar en una presencia más autónoma, con producción de alimentos y sistemas básicos de higiene. No obstante, los científicos señalaron que ese descubrimiento no resuelve por sí mismo las dificultades para establecer asentamientos permanentes o ciudades en el satélite.