La ciber-resiliencia se ha convertido en un aspecto crucial para la continuidad de los negocios en Centroamérica, especialmente ante el aumento de amenazas digitales y riesgos financieros sin precedentes. Este fenómeno ha llevado a las juntas directivas a reevaluar la gestión de riesgos y la protección digital, colocándolas como prioridades estratégicas en sus agendas.
El aumento constante de los ciberataques ha generado pérdidas globales que podrían alcanzar los 10.5 billones de dólares para finales de 2025, según un informe del portal WeLiveSecurity de ESET. Este contexto ha forzado a diversas organizaciones a dejar atrás la perspectiva tradicional que consideraba la seguridad informática como un gasto operativo, promoviendo su visión como un elemento esencial para la supervivencia empresarial.
El impacto del cibercrimen se ha intensificado en los últimos años, especialmente en Estados Unidos, donde las pérdidas por ataques informáticos ascendieron a 16 mil millones de dólares en 2024, lo que representa un incremento del 33% respecto al año anterior. Este fenómeno también afecta a Centroamérica, donde la dependencia tecnológica de empresas, gobiernos y ONGs hace que la ciberseguridad se convierta en un pilar fundamental para asegurar la rentabilidad y el funcionamiento eficaz de los procesos estratégicos. Para las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes), que representan el 99.5% del tejido empresarial latinoamericano, un incidente de seguridad puede significar una amenaza real de cierre, subrayando la urgencia de adoptar estándares internacionales en gestión de riesgos y seguridad de la información.



