En México, la artritis reumatoide se ha convertido en un desafío de salud significativo que afecta a millones de personas, especialmente a las mujeres. Según datos recientes, se estima que alrededor del 1.6% de la población adulta, lo que equivale a aproximadamente 2.1 millones de individuos, vive con esta enfermedad que provoca inflamación crónica en las articulaciones y puede impactar otros órganos del cuerpo.
Las estadísticas revelan una notable disparidad en la incidencia de esta enfermedad entre géneros: por cada 100 mil habitantes, 36 son mujeres y solo 14 son hombres. Esta diferencia pone de manifiesto la mayor vulnerabilidad de la población femenina frente a la artritis reumatoide, una condición que es autoinmune, crónica y degenerativa, afectando principalmente las articulaciones de las manos, muñecas y pies, aunque también puede comprometer la piel, los pulmones e incluso el corazón.
La patología se origina en un mal funcionamiento del sistema inmunológico, que identifica erróneamente partes de las articulaciones como extrañas, desencadenando una respuesta inflamatoria que causa daño a los tejidos. Además, factores ambientales, como el tabaquismo, pueden aumentar hasta en un 27% la posibilidad de que una persona con predisposición genética desarrolle esta enfermedad. Los síntomas, que incluyen rigidez matutina y fatiga, pueden confundirse con otras afecciones, lo que complica su diagnóstico y tratamiento oportuno, impactando así la calidad de vida de quienes la padecen.



