La reciente noche en el Golfo Pérsico estuvo marcada por una serie de explosiones en países como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Bahréin, donde están ubicadas bases militares estadounidenses. Esta situación se desarrolla en medio de la tercera jornada de enfrentamientos entre Israel, Estados Unidos e Irán. El Kremlin ha expresado su "profunda decepción" por la escalada de violencia, que ocurre a pesar de los reportes de avances en las negociaciones entre Washington y Teherán.

Dimitri Peskov, portavoz del Gobierno ruso, señaló en una conferencia de prensa que, a pesar de las expectativas alentadoras sobre el diálogo, la situación se ha deteriorado en lo que él considera una agresión abierta. Peskov hizo hincapié en que las esperanzas de un progreso significativo en las negociaciones se han visto truncadas por el inicio de las acciones militares, lo que resalta la ruptura del proceso diplomático que se había estado llevando a cabo.

Antes de los ataques, representantes de Estados Unidos e Irán se habían reunido en Ginebra, bajo la mediación de Omán, donde se había reconocido una "apertura sin precedentes" para alcanzar un acuerdo respecto al programa nuclear iraní. Sin embargo, tras el fracaso del diálogo, EE.UU. y Israel lanzaron una ofensiva que resultó en la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, lo que provocó represalias de Irán contra Israel y objetivos militares estadounidenses en la región. La situación ha generado una creciente preocupación internacional por la posible expansión del conflicto y la inestabilidad en Oriente Próximo.