El régimen de Irán ha confirmado la muerte del ayatolá Alí Jamenei, un hecho que se produce en un contexto de intensas negociaciones sobre el programa nuclear del país entre Teherán y Washington. Este trágico evento coincide con una serie de ataques aéreos por parte de Estados Unidos, respaldados por Israel, cuyo objetivo declarado era desmantelar las estructuras de seguridad del gobierno iraní. Los bombardeos se llevaron a cabo de manera sorpresiva este sábado y se centraron en las instalaciones militares y nucleares, según informes oficiales.
La noticia fue inicialmente divulgada por la agencia semioficial Tasnim, que emitió un comunicado lamentando la pérdida del Líder Supremo de la Revolución Islámica, afirmando que había sido martirizado a raíz de los ataques perpetrados por los gobiernos estadounidense e israelí. Jamenei, quien se encontraba en su residencia al momento de los bombardeos, fue una figura clave en la política iraní desde su ascenso al liderazgo en 1989, tras el fallecimiento del ayatolá Ruholá Jomeini.
En respuesta a esta situación, el Gobierno iraní ha calificado el ataque como un “gran crimen” y ha prometido que no quedará sin respuesta. Las autoridades han responsabilizado a Estados Unidos e Israel por intentar provocar un cambio de régimen en Irán y han advertido que los responsables de los ataques “se arrepentirán”. La Guardia Revolucionaria de Irán también ha emitido un comunicado en el que se comprometen a llevar a cabo una represalia contundente, anunciando una ofensiva más agresiva contra objetivos israelíes y bases militares estadounidenses, y llamando a la unidad nacional entre los iraníes.
Durante su liderazgo, Jamenei se destacó por mantener una postura firme tanto en el ámbito internacional como en las políticas internas, promoviendo medidas conservadoras que generaron controversia y descontento en distintos sectores de la sociedad, como la imposición del velo obligatorio y la represión de voces disidentes.



