(Desde Washington, Estados Unidos) La reciente eliminación de Alí Khamenei, líder religioso de Irán, ha generado un fuerte impacto en el país asiático, aunque el régimen chiíta sigue resistiendo. La administración de Donald Trump se encuentra en un punto crucial, discutiendo las posibles estrategias para poner fin a un sistema teocrático que podría transformar el panorama geopolítico en Oriente Medio.

Trump arribó a su residencia en Mar-a-Lago el viernes por la noche y desde entonces está analizando diferentes opciones para desmantelar la teocracia iraní. En este proceso, ha convocado a varios funcionarios importantes de su gobierno, como el vicepresidente JD. Vance, el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Guerra Pete Hegseth, y otros asesores clave de la Casa Blanca.

La muerte de Khamenei es vista como un primer paso hacia la eventual caída del régimen de los ayatollahs. Este ataque, llevado a cabo con la colaboración de la CIA y el Mossad, marca un hito en la forma en que Estados Unidos e Israel operan en la región. Sin embargo, la administración de Trump está consciente de que los posibles sucesores de Khamenei podrían reaccionar de manera agresiva, lo que podría intensificar aún más el conflicto. Mientras tanto, Trump ha dejado claro que los ataques continuarán hasta que se desmorone completamente el régimen iraní, planteando así un escenario de alta tensión en el futuro inmediato.