El huracán Rachel avanzaba sobre el Pacífico mexicano y generaba condiciones marítimas peligrosas en Baja California Sur. En Cabo San Lucas, las playas comenzaron a vaciarse y las autoridades dispusieron el cierre preventivo del puerto ante el deterioro del estado del mar. Aunque el pronóstico no contemplaba un impacto directo en tierra, el oleaje elevado y las corrientes de resaca mantenían bajo vigilancia a la región.
La Misión de Estados Unidos en México recomendó a sus ciudadanos evitar el mar y las zonas de playa por la presencia de marejadas asociadas al ciclón. La advertencia señaló que las corrientes podían arrastrar a personas mar adentro, incluso sin lluvias intensas o cuando el sistema no se encontrara cerca de la costa.
Rachel alcanzó la categoría 1 el miércoles 30 de septiembre, con vientos sostenidos de 140 kilómetros por hora, y podía intensificarse durante su desplazamiento al sur de la península. En ese momento, el huracán se ubicaba al suroeste de Jalisco y mantenía una trayectoria hacia el noroeste. Los pronósticos lo situaban frente al sur de Baja California Sur durante los primeros días de octubre.
Además del cierre del puerto hasta nuevo aviso, las autoridades locales ordenaron suspender el acceso a las playas e izaron banderas negras desde las 14. La medida buscaba impedir el ingreso de bañistas mientras persistieran las condiciones peligrosas en el mar.



