La recuperación de los territorios afectados por los incendios debe comenzar con una evaluación de los daños y de los riesgos de erosión, según especialistas. Entre las primeras medidas sugeridas figuran la colocación de barreras para evitar que las lluvias arrastren cenizas y suelo, y el análisis de la capacidad de los árboles quemados para regenerarse por sí mismos antes de iniciar una replantación.

Las recomendaciones se conocen tras un verano marcado por incendios en Ávila, Madrid, Niebla (Huelva), Zamora y Los Gallardos (Almería), entre otros puntos. Además, las lluvias ocurridas esta semana en distintas zonas del país volvieron a poner el foco en la posibilidad de que el agua movilice los restos del fuego y profundice el deterioro del terreno.

Eduardo Tolosana, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, señaló que la prioridad inmediata es asistir a las personas afectadas por los incendios, incluidos quienes perdieron sus viviendas, negocios o ganado. Para avanzar con la restauración ambiental, consideró necesario estudiar primero el alcance de los daños y determinar en qué lugares resulta más urgente intervenir.

De acuerdo con su explicación, hay dos factores principales para establecer ese orden. El primero es la pendiente: las áreas con mayor inclinación y suficiente nivel de afectación presentan un riesgo elevado de erosión si llueve, porque el agua puede arrastrar las cenizas e incluso el suelo. El segundo es la severidad del incendio, vinculada con la temperatura que alcanzó el terreno según la energía liberada por las llamas en cada sector.

En los sitios que requieren una intervención temprana, lo habitual es instalar barreras destinadas a frenar el desplazamiento de tierra y cenizas. Estas estructuras se elaboran con el material quemado disponible en el propio incendio, aunque en algunos casos también es necesario incorporar ramas provenientes de otros lugares.