La reciente intensificación de las hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán ha desatado una crisis política y militar en la región. La muerte de Alí Jamenei, líder iraní, ha generado una serie de represalias por parte de Teherán, que en apenas 48 horas ha afectado a numerosos países del Medio Oriente.
Irán ha llevado a cabo contraataques dirigidos principalmente contra bases militares estadounidenses y europeas situadas en el golfo Pérsico, zonas que son aliadas de Washington y se oponen a la influencia iraní. Emiratos Árabes Unidos ha sido el país que más ha sentido el impacto de estas acciones, recibiendo entre 140 y 165 misiles balísticos y numerosos drones. Otros estados como Bahréin, Kuwait, Qatar, Omán y Arabia Saudita también han sido blanco de la ofensiva iraní.
Además, se registró un ataque significativo a la base naval francesa Camp de la Paix en Abu Dabi. La situación se ha extendido más allá del Medio Oriente, afectando a Israel, Jordania y Siria, que ha cambiado su alineación hacia Estados Unidos, dejando atrás su relación con los aliados de Irán. En Europa, Turquía y Chipre también han sido objeto de ataques, con drones que impactaron en la base británica de Akrotiri y un misil balístico interceptado por defensas de la OTAN en el Mediterráneo.
Se estima que Irán ha llevado a cabo más de 900 ataques utilizando cerca de 1200 misiles, drones y bombas, mientras que Estados Unidos ha respondido con más de 2000 ataques. Ante esta creciente tensión, los ministros de Exteriores de los países del Consejo de Cooperación del Golfo se reunieron para discutir medidas de defensa y la restauración de la estabilidad regional, subrayando la importancia de la seguridad en el Golfo para la economía global.



