Elina, una madre de 22 años, vivió su primer parto en la intimidad de su hogar, acompañada de su pareja y una matrona. Recuerda que rompió bolsa a las tres de la mañana y su hijo nació al día siguiente a la una. A pesar de las largas horas, destaca la atención constante de la matrona: “Estaba atenta a mis latidos y chequeando el líquido. Gracias a eso, se respetó el tiempo de mi cuerpo”, relata.
Residente en Chiclana de la Frontera, Cádiz, Elina siempre tuvo claro su deseo de dar a luz en casa. Desde los 14 años, expresaba su intención en diversos espacios, enfrentándose a comentarios escépticos sobre los riesgos de esta elección. Sin embargo, para ella, el enfoque en una menor intervención médica permite que los bebés nazcan en el momento que ellos deciden, evitando así la necesidad de cesáreas o inducciones. Actualmente, es madre de cinco hijos, habiendo tenido gemelos en su último parto.
A pesar de que su experiencia es única en el contexto español, donde solo el 0,32% de los partos se realizan en casa, la decisión de optar por un parto domiciliario genera controversia. Expertos en salud, como la ginecóloga María Valenciano, advierten sobre posibles complicaciones tanto para la madre como para el bebé. Por otro lado, Elina sostiene que cada mujer debe tener la libertad de elegir cómo y dónde dar a luz, resaltando que la falta de cobertura pública para partos en casa crea una desigualdad en el acceso a esta opción.
Desde el año 2000, el número de partos en el hogar se ha mantenido estable en torno a mil anuales, la mayoría con la asistencia de profesionales de la salud. La falta de apoyo institucional en España contrasta con la situación en otros países europeos, donde esta opción es más accesible y respaldada por el sistema de salud.



