Las elecciones autonómicas en Castilla y León se desarrollan en un contexto de fragmentación política que podría dar lugar a diversas alianzas. De acuerdo a las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el Partido Popular (PP), liderado por Alfonso Fernández Mañueco, se posiciona como la fuerza más votada, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta. Este "empate técnico" con el PSOE, que se sitúa a solo unos puntos de distancia, sugiere que la gobernabilidad dependerá en gran medida de pactos entre partidos.
El PP estima obtener un 33,4% de los votos, lo que se traduce en una proyección de entre 28 y 38 escaños, mientras que el PSOE, bajo la conducción de Carlos Martínez, podría conseguir un 32,3% y entre 26 y 35 escaños. En este marco, Vox, liderado por Carlos Pollán, se perfila como un socio clave para que el PP pueda alcanzar los 42 escaños necesarios para formar gobierno. Las negociaciones se centran en si Vox exigirá ministerios importantes o si se limitará a apoyar desde afuera, lo que genera incertidumbre sobre la estabilidad de cualquier pacto.
Mientras tanto, el PP también considera la posibilidad de un gobierno en minoría, que dependería de apoyos puntuales de partidos regionales y localistas como la UPL, Soria ¡Ya! y Por Ávila. Sin embargo, estos partidos cuentan con pocos escaños, lo que podría complicar la gobernabilidad. Por otro lado, aunque menos probable, existe la opción de un bloque alternativo encabezado por el PSOE junto a IU-Sumar y otros partidos, aunque sus diferencias políticas y territoriales dificultan esta posibilidad. Además, la fragmentación de la izquierda y la posible salida del Parlamento de partidos como Ciudadanos y Podemos podrían reconfigurar el mapa electoral, intensificando la competencia entre PP y Vox por captar el voto perdido.



