El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se encuentra en la búsqueda de revertir la serie de resultados desfavorables que ha experimentado en los últimos meses, marcados por caídas históricas en regiones como Extremadura y Aragón. De cara a las elecciones autonómicas en Castilla y León, programadas para el 15 de marzo, la agrupación admite que la posibilidad de formar gobierno es complicada, aunque espera obtener un resultado ajustado en comparación con el Partido Popular.

Desde la sede del PSOE en Ferraz, se maneja la expectativa de recuperar el apoyo electoral en una comunidad que tradicionalmente se inclina hacia el conservadurismo. Con el objetivo de recuperar la competitividad, el partido busca mejorar su porcentaje de votos, que ha caído a niveles mínimos tras dos elecciones consecutivas en las que se registraron los peores resultados históricos. En este contexto, se destaca que en 2019 los socialistas habían alcanzado la primera fuerza en la región, cuando Luis Tudanca superó a Alfonso Fernández Mañueco, aunque este último logró gobernar gracias a un acuerdo con Ciudadanos.

Sin embargo, las proyecciones no son del todo alentadoras, ya que, a pesar de que algunas encuestas sugieren que el PSOE podría estar a la par del PP, ambos partidos, junto a Vox, parecen encaminarse hacia un nuevo gobierno. La reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) indica un empate técnico entre el PSOE y el PP, lo que refleja la dificultad de los socialistas para capitalizar el descontento generado por la gestión de los incendios en la comunidad. A medida que se acercan las elecciones generales de 2027, el liderazgo del partido se enfrenta a un desafío considerable, y algunos dirigentes expresan abiertamente su preocupación por la falta de análisis sobre las causas de su declive electoral.