El miedo, para muchas personas, puede llegar a ser un factor paralizante en diversas situaciones de la vida diaria. Por ejemplo, tras semanas de preparación para una entrevista laboral, es común que surjan nervios y ansiedad. Esta presión puede llevar a algunos a decidir no presentarse, ya que el temor a fracasar, a no estar a la altura o a quedarse en blanco se vuelve más abrumador que la oportunidad misma. En este contexto, muchos optan por retirarse, eligiendo la seguridad de la inacción por sobre el riesgo de un posible fracaso.

En este comportamiento cotidiano, como cancelar una entrevista o no enviar un currículum, se esconden barreras invisibles que impone nuestra mente. Creencias limitantes, un diálogo interno que anticipa lo peor y una tendencia a evitar lo incierto crean una zona de aparente confort donde no hay riesgos, pero tampoco progreso. Así, nuestra relación con el miedo se basa en la lógica de la evitación, interpretándolo como una señal de peligro que es mejor esquivar. Sin embargo, el psicólogo Ángel Macías propone una nueva forma de entender esta emoción.

En sus intervenciones en redes sociales, Macías sostiene que el miedo puede ser visto como un reflejo de nuestros deseos más profundos. “Un miedo es simplemente un deseo, solo que tú todavía no lo sabes”, afirma. Desde esta perspectiva, el miedo no es un enemigo a evitar, sino una señal que revela lo que realmente valoramos. Al evitar enfrentar nuestras emociones, corremos el riesgo de renunciar a lo que le da sentido a nuestra vida. Así, la intensidad del miedo podría ser proporcional al valor que le damos a aquello que tememos perder o no alcanzar.