Las recientes elecciones legislativas han dejado al Congreso de la República en una situación de fragmentación, sin una mayoría clara que favorezca a ninguna fuerza política. Sin embargo, se ha evidenciado la consolidación de dos de los partidos más radicales en la actualidad: el Pacto Histórico y el Centro Democrático.

Con la mirada puesta en el periodo presidencial 2026-2030, la gobernabilidad estará marcada por la necesidad de formar alianzas y por la relevancia de los partidos tradicionales. El próximo presidente se verá obligado a negociar constantemente con diversas agrupaciones para poder sacar adelante cualquier reforma.

La nueva configuración del Congreso exige al futuro mandatario establecer diálogos con una variedad de fuerzas políticas. Sin un bloque de al menos 52 senadores, cualquier iniciativa significativa dependerá del apoyo de partidos históricamente influyentes, como el Liberal y el Conservador, que han recuperado un rol protagónico en la dinámica parlamentaria, a pesar de no contar con candidatos propios. La polarización entre el Pacto Histórico y el Centro Democrático promete influir profundamente en la agenda del Ejecutivo, mientras que la presencia de otros grupos como La U o Cambio Radical acentúa la fragmentación y el papel decisivo de los partidos tradicionales en el proceso legislativo.