Cada 28 de febrero, los habitantes de Andalucía celebran con orgullo su cultura y su emblemático aceite de oliva. Esta fecha conmemora la aprobación del Estatuto de Autonomía de Andalucía en 1980 y está marcada por diversas tradiciones, entre las que destaca el desayuno molinero, un ritual gastronómico profundamente arraigado en la comunidad.
El desayuno molinero consiste en una simple pero significativa combinación de pan y aceite de oliva. Este alimento básico se convierte en un símbolo de la identidad andaluza, dado que más de un millón y medio de hectáreas de olivos se extienden por toda la región. La tradición de cultivar aceitunas data de más de tres mil años, y durante la época romana, el valle del Guadalquivir era reconocido como el mayor proveedor de aceite y aceitunas del Imperio.
La costumbre de disfrutar de este desayuno remonta al siglo XIX, cuando muchas familias trabajaban en los molinos de aceite en zonas rurales, especialmente en Jaén. Durante la recolección de aceitunas, los trabajadores de los turnos de noche y mañana compartían un desayuno en el molino, que incluía pan tostado, aceite de oliva, aceitunas y café. Este ritual no solo se centraba en la alimentación, sino que también fomentaba la camaradería y el intercambio social entre los molineros, convirtiendo cada desayuno en una pequeña celebración comunitaria. Hoy en día, el desayuno molinero ha trascendido su origen y es un plato que se puede disfrutar en muchos bares y cafeterías de Andalucía, a veces con variaciones modernas.



