En un mundo donde la tranquilidad parece al alcance, hay quienes no logran experimentar un verdadero descanso. A pesar de tener momentos de calma, la sensación de reposo se escapa, incluso en situaciones donde todo parece ser sereno. Tumbarse en el sofá, desconectar el teléfono o cerrar los ojos durante unos minutos no siempre es suficiente para liberar el agotamiento acumulado.

Esta problemática afecta a numerosas personas que, a pesar de estar en silencio y sin obligaciones inminentes, mantienen su mente en constante actividad. El cuerpo puede permanecer inactivo, pero la mente se siente en alerta, como si esperara que algo suceda en cualquier momento. Muchas veces, esta condición se asocia con el estrés laboral o la presión cotidiana, pero puede tener raíces más profundas que se remontan a cómo el sistema nervioso ha aprendido a reaccionar ante diversas circunstancias.

Gabriel Pozuelo, psicólogo reconocido, destaca en sus exposiciones que algunas personas nunca logran descansar de verdad. Según él, la alerta constante no se debe simplemente a una personalidad inquieta, sino a un aprendizaje del sistema nervioso que asocia la relajación con peligro. Esta respuesta emocional se origina en experiencias de la infancia o en contextos donde la estabilidad era incierta, lo que lleva al cerebro a estar siempre en modo de alerta, incluso en un entorno que ya no representa una amenaza.