El fútbol colombiano ha estado marcado por controversias, especialmente en lo que respecta a la organización de sus torneos profesionales, así como por las limitaciones económicas que enfrentan muchos clubes. En este contexto, el propietario del Unión Magdalena, Eduardo Dávila, ha desatado una fuerte discusión al calificar la Primera B como un 'moridero', a pesar de la existencia de equipos con rica historia y otros que han logrado destacar, como Real Cundinamarca, que llegó a la final en 2025 con un plantel joven.

Dávila, en una reciente conferencia de prensa en Barranquilla, expresó su descontento con la estructura del Torneo BetPlay, argumentando que tanto su formato como los escasos recursos disponibles contribuyen a lo que él considera una falta de identidad en el campeonato. 'La B no tiene identidad de ninguna clase. Necesitamos una reestructuración total', afirmó, dejando en claro su postura crítica sobre la situación actual de la segunda división del fútbol colombiano. Además, al ser consultado sobre el futuro del Unión Magdalena en la primera división, fue tajante: 'Hasta que suba'.

La controversia se intensificó aún más cuando la Fundación Paz y Reconciliación lanzó una crítica hacia Dávila por su presencia en la inauguración del hotel de la selección colombiana, recordando sus antecedentes penales, que incluyen condenas por narcotráfico. Estos antecedentes han marcado su trayectoria y han generado un amplio debate sobre su idoneidad como dirigente. Los aficionados del Unión Magdalena, acostumbrados a ver a su equipo alternar entre divisiones, ahora se enfrentan a la incertidumbre que genera la gestión de Dávila, en un contexto donde la falta de estabilidad se hace cada vez más evidente.