El programa de adquisición de F-16 por parte de la Fuerza Aérea Argentina avanza con la firma de un contrato con la firma estadounidense Top Aces, seleccionada por el Departamento de Defensa de EE.UU. para la capacitación de pilotos argentinos. Este progreso ha desencadenado una revisión urgente de las actividades de contrainteligencia militar, un aspecto clave para la seguridad nacional en el contexto internacional actual.
Durante la gestión de Luis Petri, el ministerio de Defensa había preparado la derogación de la Resolución 381/2006, que prohibía las tareas de contrainteligencia en el sistema de inteligencia militar, debido a su orientación hacia la inteligencia interior. La nueva perspectiva considera a las Fuerzas Armadas como defensores de la soberanía y la seguridad del país, lo que contrasta con visiones anteriores que limitaban su participación por temor a una posible amenaza a la democracia.
El teniente general Carlos Presti, nuevo responsable del área, deberá evaluar y posiblemente revocar la resolución de 2006, tomando en cuenta la creciente necesidad de proteger información crítica no solo para Argentina, sino también en colaboración con actores globales y la OTAN, que utilizan el mismo modelo de aeronave. La contrainteligencia, que abarca la protección de información sensible y la prevención de espionaje, se vuelve esencial para resguardar los secretos y operaciones militares en este nuevo contexto.



