Sincronizar los horarios de sueño con la pareja podría ser una de las claves más subestimadas para alcanzar la felicidad en el matrimonio. Más allá de los consejos clásicos sobre comunicación y complicidad, compartir el momento de ir a la cama emerge como un factor significativo para la satisfacción conyugal.

Investigaciones internacionales, como las publicadas en la revista Sleep y en el National Institutes of Health, evidencian que las parejas que mantienen una rutina nocturna en conjunto suelen experimentar un mayor bienestar emocional, un descanso más reparador y una relación más estable. En contraste, la falta de sincronización en los horarios de descanso puede incrementar el riesgo de conflictos y mermar la satisfacción en la relación.

Un estudio realizado por Talker Research revela que, en Estados Unidos, la mayoría de las parejas solo se acuestan juntas tres noches a la semana, mientras que en las jornadas restantes existe una diferencia promedio de 80 minutos en el horario de dormir. Este desfase, que StudyFinds califica como una brecha silenciosa en la convivencia, puede impactar en la cercanía emocional entre los cónyuges. De hecho, el 58% de los encuestados siente una mayor conexión al compartir la cama, y un 59% considera que este hábito es crucial para la intimidad física. Además, el 43% de los que comparten el horario de descanso reportó una mejor calidad de sueño en comparación con el 16% que duerme por separado.

La satisfacción conyugal también se ve afectada por los cronotipos. Entre los madrugadores, el 78% se siente “muy feliz”, en comparación con el 71% de los noctámbulos. Para las parejas con cronotipos opuestos, la satisfacción desciende al 59%. Laura Scott, directora de marketing de Avocado Green Mattress, señala que no existe un único enfoque, ya que cada pareja puede encontrar formas de adaptarse a las diferentes necesidades de sueño. Además, los hábitos de descanso compartido varían generacionalmente: el 62% de los millennials reportó dormir mejor al coincidir en el horario, mientras que esa cifra es solo del 27% entre los baby boomers. El 76% de los más jóvenes manifestó sentir una conexión emocional más fuerte al compartir este hábito, en contraste con el 41% de los mayores, lo que sugiere que las prioridades y necesidades en torno al sueño evolucionan con el tiempo.