Este martes se conmemoran cuatro años desde el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania, que comenzó el 24 de febrero de 2022. Esta guerra ha sido catalogada como la más letal en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. A lo largo de este tiempo, el enfrentamiento ha entrado en una fase de estancamiento y desgaste, a pesar de los esfuerzos diplomáticos que han involucrado a líderes como Vladimir Putin y Volodimir Zelenski, con la mediación ocasional de figuras internacionales como Donald Trump.

Las estimaciones sobre las bajas son alarmantes. Se reportan cientos de miles de muertes, aunque las cifras exactas son difíciles de determinar. El presidente ucraniano, Zelenski, ha informado sobre 55.000 soldados caídos desde el inicio del conflicto; sin embargo, se sospecha que este número es superior debido a los muchos desaparecidos. En el lado ruso, un medio local estima que las bajas superan las 117.000, lo que refleja la magnitud del sufrimiento humano causado por esta guerra.

A la tragedia de las pérdidas humanas se agrega el impacto material en ambos lados del conflicto. Ciudades ucranianas como Bajmut y Toretsk han sido prácticamente destruidas. La infraestructura energética también ha sufrido daños severos, afectando el suministro eléctrico y de calefacción para millones de personas. La ONU estima que cerca de 6 millones de ucranianos siguen siendo refugiados, y el costo de la reconstrucción de las áreas devastadas podría ascender a más de 558.000 millones de dólares en la próxima década, según un análisis conjunto de varias instituciones internacionales.