A lo largo de los años, Argentina ha mantenido un debate complejo sobre su inserción en el ámbito internacional, marcado por posturas extremas como apertura versus proteccionismo y globalización frente a aislamiento. Sin embargo, el reciente acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur se presenta como una oportunidad para abandonar estos discursos polarizados y establecer una política de Estado que priorice la cooperación, la previsibilidad y reglas claras.
La reciente votación en la Cámara de Diputados, que recibió apoyo de diversos sectores políticos, representa un momento crucial en este contexto. No se trató de un simple trámite legislativo, sino que se convirtió en una señal institucional potente. En un país marcado por divisiones, alcanzar consensos sobre decisiones estratégicas transmite un mensaje claro tanto a nivel interno como externo: Argentina es capaz de generar compromisos que trascienden las disputas temporales.
En un mundo caracterizado por tensiones geopolíticas y nacionalismos crecientes, optar por el multilateralismo y establecer reglas comunes no solo es fundamental, sino que también define la identidad del país. Aunque algunos hayan interpretado la reciente decisión judicial en Europa como un obstáculo, en realidad podría fortalecer la base jurídica del acuerdo y ofrecer mayor claridad normativa, lo que se traduce en previsibilidad, un elemento esencial para el desarrollo a largo plazo. Este acuerdo, que conecta a 700 millones de personas y representa alrededor del 20% del PIB mundial, promete abrir las puertas a uno de los mercados más sofisticados, beneficiando especialmente a sectores clave de la economía argentina.



