La sal, un condimento esencial en nuestras cocinas, a menudo lleva impresa una fecha de consumo preferente que genera confusión entre los usuarios. Sin embargo, la ciencia respalda que este mineral no tiene un verdadero vencimiento. Organismos de salud reconocidos, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la American Heart Association (AHA), confirman que la sal puede conservarse indefinidamente, siempre que se mantenga en condiciones adecuadas.
El cloruro de sodio, el componente principal de la sal, posee una estructura química que impide el crecimiento de microorganismos, lo que la convierte en un producto no perecedero. La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) señala que, al resguardarse de la humedad y de olores ajenos, la sal puede permanecer apta para el consumo durante años. Un estudio publicado en la revista Food and Nutrition Bulletin demuestra que la sal pura no solo se conserva, sino que también mantiene su capacidad de salazón, incluso tras largos períodos de almacenamiento.
No obstante, los riesgos de deterioro surgen únicamente si la sal entra en contacto con la humedad o sustancias que alteren su composición. Expertos de la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos coinciden en que la fecha de consumo preferente es una cuestión de etiquetado y no indica un vencimiento real. La AHA aconseja desechar la sal si presenta olores extraños o ha absorbido humedad, ya que esto podría afectar el sabor de los alimentos. Sin embargo, es importante aclarar que la sal pura no se ve afectada por el tiempo, a diferencia de los alimentos procesados que contienen otros ingredientes perecederos, los cuales sí deben ser consumidos antes de su fecha de caducidad.


