Netflix, el líder en servicios de streaming, ha iniciado una transformación significativa al dejar atrás la dependencia exclusiva de suscriptores, adoptando un enfoque más amplio que busca convertir cada uno de sus éxitos en franquicias que se extienden más allá de la pantalla. Este cambio implica la creación de alianzas estratégicas, el lanzamiento de productos físicos y la oferta de experiencias inmersivas que fortalecen la conexión con su audiencia y generan nuevas fuentes de ingresos.
En un entorno donde captar la atención de los consumidores resulta cada vez más complicado, Netflix ha evolucionado de ser una mera plataforma de contenido a convertirse en una productora de universos narrativos que abarcan múltiples formatos y espacios. Esta nueva dirección se refleja en su apuesta por la diversificación, donde cada serie o película está diseñada para crecer en torno a productos, colaboraciones y experiencias tangibles que enriquecen la experiencia del espectador.
Un claro ejemplo de esta estrategia es la exitosa serie Bridgerton, que, tras el lanzamiento de su cuarta temporada, ha superado los 40 millones de visualizaciones y se ha posicionado en el Top 10 en 91 países. Sin embargo, su impacto va más allá del ámbito televisivo, consolidándose como una franquicia cultural que genera valor en diversas áreas. Con más de 35 colaboraciones con marcas reconocidas, Bridgerton ha transformado su estética romántica en una plataforma de negocios que incluye desde fragancias hasta colecciones de joyería, además de experiencias digitales interactivas que refuerzan su atractivo entre los fans.



