Florencia Torrente comparte el dolor que ha marcado su vida tras la inesperada muerte de su padre, Rubén. "Fue un año muy complicado", expresa con voz entrecortada, recordando el momento en que comprendió que su papá no llegaría a conocer a sus hijos. La negación y el shock invadieron su mente en ese instante tan íntimo, cuando se encontró sola en el suelo, rodeada de un vacío que le resultaba difícil de asimilar.
La repentina pérdida de su padre ha sido un desafío emocional que ha requerido de Flor un profundo proceso de duelo. "Cuando me di cuenta de que él no vería a mis hijos, sentí como si todo comenzara a desmoronarse", confiesa. La artista menciona cómo la vida continuaba su curso mientras su mente luchaba por aceptar la realidad, enfrentándose a decisiones que debían tomarse en medio de la agitación emocional. "Mi papá se fue mientras jugaba al fútbol", revela, añadiendo una capa de dolor a la tragedia.
A sus 37 años, Flor se encuentra inmersa en una etapa de transformación en diversos aspectos de su vida. Entre proyectos teatrales, musicales y la creación de su propia marca, navega por un camino de autodescubrimiento. "Este año me estoy permitiendo liberarme de mandatos y expresar todo lo que he guardado durante tanto tiempo", dice, reconociendo que el duelo la ha impulsado a escuchar su interior y a entender que el verdadero entusiasmo puede surgir desde adentro. En su obra "Mi amiga y yo", que se presenta en la emblemática calle Corrientes, se siente reencontrada, explorando cómo es posible reinventarse incluso en medio de la tristeza.



