La aerolínea Wizz Air ha reportado una caída drástica en sus beneficios netos para el año fiscal 2026, que finalizó el 31 de marzo. Con un ingreso de apenas 1,3 millones de euros, la cifra representa un descenso del 99,4% en comparación con los 214 millones de euros obtenidos en el ejercicio anterior. Este notable retroceso se debe principalmente a un aumento significativo en los costos de mantenimiento y depreciación, además de los efectos adversos provocados por el conflicto en Oriente Próximo, el cual afecta aproximadamente al 5% de la capacidad de asientos de la compañía.
A pesar de la caída en los beneficios, Wizz Air ha registrado un crecimiento en sus ingresos, los cuales aumentaron un 8% alcanzando 5.691,4 millones de euros. Este crecimiento se vio impulsado por un récord histórico de 69,7 millones de pasajeros transportados durante el periodo, con un factor de ocupación del 90,7%. Sin embargo, la compañía también enfrentó un aumento en sus gastos operativos, que se elevaron un 8,9% hasta alcanzar los 5.551,7 millones de euros. Esto pone de manifiesto la complejidad del entorno operativo en el que se encuentra la aerolínea, que se ve obligada a equilibrar el crecimiento de la demanda con el aumento de los costos.
El EBITDA de Wizz Air, por otro lado, mostró una mejora, alcanzando los 1.318,3 millones de euros, lo que representa un incremento del 16,2% en comparación con el año anterior. Sin embargo, el beneficio operativo se redujo un 16,6% hasta los 139,7 millones de euros. Esta discrepancia entre el EBITDA y el beneficio operativo sugiere que, aunque la aerolínea está generando más ingresos, sus costos operativos están limitando su rentabilidad. En este contexto, la compañía ha destacado su sólida posición de caja, que al final del periodo asciende a 2.126,4 millones de euros, un 22,5% más que el año anterior, mientras que su deuda neta se mantiene prácticamente estancada en 4.941,5 millones de euros.
Jozef Varadi, CEO de Wizz Air, ha enfatizado que el foco principal de la aerolínea durante este ejercicio ha sido implementar decisiones estratégicas que aseguren su competitividad y resiliencia a largo plazo. Según Varadi, estas decisiones han demostrado ser acertadas, ya que permiten a la compañía adaptarse tanto a entornos estables como a situaciones de volatilidad, como la que se observó hacia el final del año fiscal debido a la crisis en Oriente Próximo.
En medio de este panorama complicado, Wizz Air tomó la decisión de cerrar su base en Abu Dabi y cesar operaciones en su base de Viena durante el segundo trimestre del año fiscal. Además, la aerolínea ha estado actualizando su flota, recibiendo 39 nuevos aviones A321neo y siete A321neo XLR, mientras que ha devuelto 11 A320ceo y 1 A321ceo. Al cierre del periodo, la flota total de la compañía se compone de 262 aeronaves, incluyendo una variedad de modelos, lo que refleja su estrategia de modernización y eficiencia operativa.
Sin embargo, la situación de la flota también ha presentado desafíos, ya que a finales de marzo, 30 aeronaves estaban en tierra debido a inspecciones relacionadas con los motores GTF. A pesar de que esta cifra representa una mejora respecto al cierre del año anterior, cuando 42 aeronaves estaban inmovilizadas, la aerolínea anticipa que las inmovilizaciones por los motores GTF podrían variar entre 15 y 20 aeronaves para el final del próximo año fiscal, con la esperanza de que esta cifra se reduzca a cero para finales de 2027.
Mirando hacia el futuro, Wizz Air no ha ofrecido previsiones para el año fiscal 2027, citando la falta de visibilidad y la incertidumbre generada por el conflicto en Oriente Próximo, así como el cierre del estrecho de Ormuz como factores determinantes. Varadi ha señalado que las prioridades de la aerolínea son claras: centrarse en sus mercados clave, restablecer la plena utilización de la flota a medida que mejore la disponibilidad de los motores y mantener la disciplina financiera. En un entorno tan volátil, la capacidad de Wizz Air para adaptarse y navegar por estos desafíos será crucial para su futuro.



