La Argentina podría atravesar hacia 2030 o 2033 una etapa de recursos económicos inéditos, según la perspectiva planteada en el borrador. La posibilidad reabre el viejo imaginario del “país rico”, gestado hace unos 150 años, y proyecta una eventual transformación desde el histórico “granero del mundo” hacia un país con un papel central como proveedor energético.

Ese horizonte también plantea interrogantes sobre el modo en que se desarrollará la transición y sobre las condiciones sociales que podrían acompañarla. La articulación entre las dimensiones económicas y sociales aparece como uno de los principales debates del período, bajo una idea que busca ordenar esas discusiones: el “modelo de país”.

La denominada “tierra prometida” estaría vinculada con los combustibles, los minerales, los agroalimentos, el conocimiento y los data centers. Se trata de recursos considerados estratégicos para una globalización atravesada por conflictos múltiples y por un creciente “malestar del bienestar” entre los ciudadanos. En ese contexto, la expansión constante de los deseos —la expectativa de obtener todo y de inmediato— vuelve más difícil, fugaz e incierta la satisfacción.

El fastidio crónico, de acuerdo con este planteo, no alcanza únicamente a las personas. También afecta a las empresas, los productos, las marcas y los gobiernos, que enfrentan dificultades para responder a expectativas que con frecuencia se vuelven desmesuradas.

En materia energética, Aleph Energy, consultora especializada que trabaja con Ecolatina, proyecta que en 2031, bajo un escenario intermedio, la Argentina generaría un excedente comercial de 31.000 millones de dólares.