El panorama del consumo masivo en Argentina ha experimentado una transformación significativa a raíz de la caída de los ingresos, la cual ha reconfigurado la dinámica de compra de los consumidores. Durante los años 2024 y 2025, y lo que va del 2026, se han registrado descensos en el volumen de ventas que han llevado a los compradores a cambiar sus preferencias, abandonando las marcas de renombre en busca de opciones más accesibles. Sin embargo, la categoría premium ha demostrado una sorprendente resiliencia, lo que ha llevado a algunos analistas a referirse a esta situación como un "morenismo sin Moreno", en alusión a la gestión de precios del exsecretario de Comercio, Guillermo Moreno. Esta expresión resalta cómo, a pesar de la ausencia de un control estatal directo, las empresas están incrementando los precios de sus productos más costosos mientras mantienen estables los de los productos populares debido a la falta de rotación.

La economía argentina, marcada por una inflación persistente, ha derivado en una clara segmentación entre quienes han logrado mantener su poder adquisitivo y aquellos que se encuentran en una situación precaria. Desde noviembre de 2023, los salarios registrados han sufrido una caída real que ronda el 9%, aunque esta cifra varía significativamente entre los distintos sectores laborales. En el ámbito privado, la disminución ha sido del 3,5%, en contraposición a un alarmante 20% en el sector público. Esta disparidad ha llevado a que quienes perciben ingresos indexados, como algunos trabajadores del sector privado, puedan mantener e incluso aumentar su consumo en dólares, mientras que otros, como empleados estatales y jubilados, padecen las consecuencias del encarecimiento de productos básicos.

La transformación en el consumo se manifiesta claramente en las góndolas de los supermercados. Las empresas del sector han comenzado a hablar de un "consumo dual", donde las marcas premium ven un aumento en sus ventas, mientras que las opciones masivas experimentan un descenso constante, a pesar de las promociones y descuentos implementados para atraer clientes. Este fenómeno ha llevado a una reflexión profunda sobre la gestión de precios y la estrategia de marketing de las empresas, que deben adaptarse a una realidad económica cada vez más compleja. Un directivo de una compañía prominente en el sector resumió esta situación al afirmar que están practicando un "morenismo sin Moreno", una estrategia que prioriza la rentabilidad de las líneas premium a expensas de las más económicas.

La relación entre la demanda y los precios ha cambiado drásticamente. Mientras que en el pasado el gobierno podía intervenir para estabilizar los precios de productos esenciales, actualmente son las limitaciones de la propia demanda las que dictan las reglas del juego. Las empresas se encuentran en la necesidad de ajustar sus precios de acuerdo con las reacciones del mercado, y esto ha llevado a que las marcas premium y las segundas y terceras líneas logren avanzar sobre un terreno que antes era dominado por los productos de consumo masivo. El resultado es un panorama en el que los consumidores se ven obligados a modificar sus hábitos de compra y a adaptarse a un entorno económico adverso.

Víctor Palpacelli, presidente de la Cámara Argentina de Supermercados, ha señalado que ha habido un notable incremento en la participación de segundas y terceras marcas en las góndolas. Esta tendencia responde a la búsqueda de alternativas que permitan a los consumidores hacer frente a los desafíos económicos y llegar mejor a fin de mes. La inclusión de opciones más asequibles se ha convertido en una estrategia clave para los supermercados que intentan mantener su clientela en un contexto donde el poder adquisitivo sigue siendo un tema de preocupación constante.

Damián Graziano, un reconocido director comercial del sector, también ha expresado su preocupación por la evolución del consumo y la importancia de adaptarse a las nuevas realidades del mercado. La necesidad de ofrecer productos que se ajusten a la capacidad de compra de los argentinos es más apremiante que nunca, y las empresas están tomando medidas para garantizar que sus ofertas sean atractivas y accesibles en un entorno donde los consumidores están cada vez más exigentes. El futuro del consumo en Argentina dependerá de la capacidad de las empresas para navegar por estas aguas turbulentas y encontrar soluciones creativas que satisfagan las necesidades de un público en constante cambio.