La reciente declaración del especialista en agro Huergo ha reavivado una discusión crucial en el ámbito agrícola argentino: ¿quién dirige realmente la estrategia del agro y cuáles son las herramientas utilizadas para ello? Esta pregunta, que trasciende lo teórico, se hace más relevante en el contexto del reciente movimiento financiero de Profertil, la principal productora de urea en Sudamérica, que emitió Obligaciones Negociables por US$ 70 millones. Este movimiento ha generado un interés considerable, con ofertas que superaron los US$ 99 millones y una tasa de interés del 5,75%. Los recursos obtenidos se destinarán a capital de trabajo, transporte de gas y mantenimiento operativo, lo que refleja la necesidad de fortalecer su estructura productiva en un entorno competitivo.

Este tipo de operaciones no puede ser analizado de forma aislada. En diciembre de 2025, se llevó a cabo una reestructuración accionario que resultó en la propiedad del 90% de Profertil por parte de ADECOAGRO, dejando a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) con el 10% restante. Fuera del juego quedaron gigantes como YPF y la canadiense Nutrien, lo que indica una clara estrategia del capital agropecuario local para posicionarse en áreas clave. Este cambio de manos es representativo de un fenómeno más amplio donde “la vaca viva”, es decir, el capital agrícola nacional, comienza a influir decisivamente en el sector de insumos críticos para la producción como la urea, un insumo del cual Argentina sigue dependiendo en gran medida de las importaciones.

La situación se vuelve más compleja si consideramos el contexto internacional. El reciente conflicto en el Medio Oriente ha llevado a un incremento en los precios de los fertilizantes, lo que resalta aún más la vulnerabilidad de Argentina, que sigue siendo importador neto de urea. De acuerdo a datos recientes, en el último ciclo, el 63% de la urea granulada importada provino de países de esa región, destacándose Omán, Turkmenistán y Qatar como principales proveedores. Este escenario ha implicado un desembolso significativo para el país, superando los US$ 1.000 millones solo por este concepto, lo que subraya la necesidad de desarrollar una industria local más robusta.

Sin embargo, la pregunta que surge es: ¿estamos preparados para afrontar estos desafíos? El actual gobierno parece estar en una dirección opuesta, desmantelando capacidades productivas del Estado, incluyendo la participación de YPF en el sector. A pesar de que la justicia estadounidense ha anulado un fallo que perjudicaba a Argentina, reconociendo la soberanía de la expropiación de YPF en 2012, la administración actual parece ceder sin resistencia en cuanto a su participación estratégica en Profertil. Esta contradicción plantea interrogantes sobre la dirección futura de la política agropecuaria en el país.

Las proyecciones de inversión en el sector son alentadoras, con estimaciones que abarcan entre US$ 1.500 y US$ 2.000 millones para duplicar la producción de fertilizantes nitrogenados en Argentina. Si se logra concretar esta inversión, Profertil podría pasar de cubrir solo el 60% del mercado interno a convertirse en un exportador neto, compitiendo a nivel global. Esta evolución no solo se mide en términos de volumen de producción, sino también en la implementación de un modelo integrado que combina diversas actividades productivas, como la producción lechera, la generación de biogás y la reutilización del digestato como fertilizante, lo que podría transformar un desafío ambiental en una oportunidad productiva.

En conclusión, el futuro del agro en Argentina está marcado por la intersección entre las decisiones políticas, las dinámicas del mercado y la capacidad de inversión en infraestructura. La necesidad de una estrategia clara y cohesiva es más urgente que nunca, ya que el país navega por un terreno económico incierto, con desafíos que no solo afectan al sector agrícola, sino también a la economía en su conjunto. La pregunta de quién realmente conduce la estrategia agropecuaria sigue sin respuesta clara, pero los movimientos recientes en el sector indican que un cambio de paradigma podría estar en marcha.