La cooperativa láctea SanCor, una de las más reconocidas del país, ha solicitado su quiebra en medio de un concurso de acreedores que comenzó en febrero de 2025. Esta drástica decisión, según el gremio Atilra, se produce en un contexto de crisis profunda y podría marcar un punto de inflexión en la historia de la empresa. Aún no se ha registrado oficialmente este pedido en el expediente judicial correspondiente, lo que genera incertidumbre sobre los pasos a seguir en el proceso.
El anuncio de la solicitud de quiebra proviene de un comunicado del sindicato, que destaca la coincidencia de informes provenientes de la sindicatura y el comité de control, que reflejan una situación de insolvencia y cesación de pagos. La falta de información oficial por parte de SanCor añade un nivel de complejidad a la situación, ya que la empresa no ha emitido comunicados que aclaren su posición ni los detalles de la asamblea de socios prevista para ratificar la decisión.
Con una deuda que asciende a más de 120 millones de dólares, SanCor enfrenta serios desafíos financieros. Hasta el momento, se han verificado más de 1.500 acreedores, de un total de 2.700, que incluyen compromisos de diferentes tipos: fiscales, comerciales y laborales. Esta situación se agrava aún más por la existencia de deudas postconcursales que continúan creciendo mes a mes, lo que pone en duda la viabilidad del concurso preventivo como solución a la crisis.
La intervención judicial que se implementó a fines de 2025 ya había evidenciado problemas estructurales en SanCor, como la falta de transparencia informativa y una crisis laboral persistente. La cooperativa, que en su mejor momento llegó a procesar más de 4 millones de litros de leche diarios, ahora se enfrenta a un proceso productivo que apenas alcanza los 700.000 litros, lo que plantea serias interrogantes sobre su futuro operativo. La reducción de su capacidad productiva y la operación parcial de sus seis plantas son síntomas claros de una empresa en declive.
A lo largo de los últimos años, SanCor ha ido perdiendo participación en el mercado, ha vendido activos valiosos y ha enfrentado conflictos laborales que han llevado a bloqueos y parálisis en sus instalaciones. Estas circunstancias han complicado aún más su situación y han dejado a la empresa en una posición muy vulnerable ante sus acreedores y trabajadores.
El aspecto laboral es uno de los más preocupantes. Según Atilra, la cooperativa adeuda ocho meses de salarios y aguinaldos, y sobrevive en parte gracias a la asistencia del propio sindicato, que se ha visto obligado a intervenir para garantizar prestaciones básicas a los trabajadores. En este contexto, el gremio sostiene que la presentación de la quiebra no cambia la situación ya crítica que enfrenta SanCor, la cual está bien documentada en el expediente judicial.
Por otro lado, desde el sindicato se plantea que, en caso de que se confirme la quiebra, no debería ser vista como un final trágico, sino como una oportunidad para reinventar la marca bajo una nueva estructura. La incertidumbre persiste mientras se espera una resolución formal sobre el futuro de SanCor, que se encuentra en una encrucijada crítica, con un concurso agotado y la posibilidad de quiebra latente.



