En el contexto actual de la economía argentina, se prevé un cambio significativo en la actividad económica que podría marcar el fin de la tendencia de contracción observada en los primeros meses del año. La expectativa se centra en una recuperación más amplia, particularmente en aquellos sectores que han enfrentado mayores dificultades, gracias a la disminución de la inflación y a una lenta pero constante mejora en los salarios. Este fenómeno, conocido como el 'efecto serrucho', que describe las fluctuaciones en la actividad económica, podría desvanecerse en la medida que se establezca una estabilidad en los próximos meses.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) ha reportado una caída del 1,5% en abril en comparación con marzo, interrumpiendo así la recuperación que se había comenzado a vislumbrar en el mes anterior. Este retroceso mensual destaca la desaceleración en varios sectores, en un entorno donde las condiciones financieras se han endurecido, el consumo ha mostrado un menor dinamismo y la recuperación sigue siendo desigual entre diferentes áreas de la economía. Este escenario resulta preocupante para muchos analistas, quienes observan que la recuperación no es tan robusta como se esperaba.
A pesar de la caída registrada en abril, las cifras interanuales del EMAE continúan mostrando un crecimiento del 2,1%, en parte gracias a una base de comparación baja generada por la fuerte recesión del año pasado, que afectó considerablemente al sector agropecuario debido a la sequía. Este dato resalta la complejidad del contexto económico actual, donde los avances en ciertos indicadores pueden no reflejar la realidad de todos los sectores. En este sentido, las expectativas para el futuro son variadas y dependen en gran medida de cómo se comporten tanto los sectores en crecimiento como aquellos que aún enfrentan dificultades.
La mayoría de los economistas coinciden en que el Producto Bruto Interno (PBI) mostrará un crecimiento en 2026, aunque las proyecciones sobre la magnitud de este crecimiento son diversas. Por ejemplo, expertos como Fernando Marull y Fausto Spotorno estiman que el PBI podría expandirse entre un 2,8% y un 3%. En un informe reciente, el BBVA Argentina también se suma a esta tendencia, pronosticando un crecimiento del 3% y una evolución similar para el año siguiente.
Por otro lado, hay voces más cautelosas. Esteban Domecq, director de la consultora Invecq, sugiere que la recuperación será más gradual, proyectando un crecimiento del PBI de solo el 2,5%. Mientras tanto, Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, ha sido aún más conservador en sus estimaciones, anticipando un aumento del 2,2% para este año, teniendo en cuenta el efecto arrastre estadístico del primer trimestre.
El análisis de Franco se centra en el papel de los sectores en crecimiento, como la agroindustria, la minería y los hidrocarburos, que podrían impulsar al EMAE. Sin embargo, también advierte que la cifra final dependerá de la dinámica de los sectores rezagados y de variables cruciales como la inflación, los salarios reales y la evolución de los precios de las materias primas. En un contexto electoral como el que se avecina en 2027, la interacción entre los sectores ganadores y los rezagados se volverá cada vez más relevante, afectando la dinámica económica del país.
Por último, en un análisis más optimista, Spotorno ha indicado que el Índice General de Actividad (IGA) elaborado por la consultora Orlando Ferreres ha mostrado signos de recuperación en mayo, sugiriendo que los sectores que han estado en desventaja, como el comercio, comenzarán a ganar impulso en los próximos meses. Este cambio podría ser un indicativo de que, a pesar de los desafíos actuales, la economía argentina podría estar en camino hacia una fase de recuperación más sostenida.



