Desde mediados de 2025, Argentina ha experimentado una notable disminución en la demanda real de dinero, lo que ha suscitado preocupaciones respecto a su impacto en la inflación. Según análisis recientes del ámbito financiero, esta tendencia podría estar reavivando el fenómeno inflacionario que afecta al país. En las semanas más recientes, sin embargo, se ha observado un leve repunte en la preferencia por el peso, lo que genera expectativas sobre su posible efecto en las proyecciones inflacionarias a corto plazo.

El concepto de demanda de dinero se refiere a la cantidad de pesos que individuos, empresas y el sector público eligen retener en forma líquida, es decir, en efectivo o en cuentas bancarias, en lugar de destinar esos fondos a otras inversiones. Este fenómeno ha sido particularmente relevante en el contexto de las elecciones legislativas de 2025, donde se produjo un aumento significativo en el tipo de cambio oficial, seguido de una disminución tras la intervención de Estados Unidos en el mercado cambiario. Este contexto ha dejado entrever una relación directa entre la caída en la demanda de dinero y la aceleración de la inflación.

De acuerdo con un informe de análisis económico, desde julio de 2025 hasta mayo de 2026, se ha registrado una contracción del 14% en la demanda real de dinero, medida a través de los Medios de Pago Transaccionales (M2 Transaccional/IPC). A pesar de que el nivel actual de M2T aún se encuentra un 35% por encima de los mínimos alcanzados durante períodos previos de intensa inflación, los niveles son considerados bajos en comparación con promedios históricos. Esto sugiere que, a pesar de la reciente leve recuperación de la demanda, aún persiste una tendencia preocupante.

La caída en la demanda de dinero ha conllevado a dos fenómenos adicionales que merecen ser analizados: la creciente dolarización de carteras y los problemas de demanda de bienes y servicios. Desde julio de 2025, se ha observado un aumento en la preferencia por el dólar, lo que ha llevado al tipo de cambio a alcanzar niveles máximos en las bandas establecidas. Este fenómeno ha impactado directamente en los precios, con los productos importados siendo los más afectados por la inflación, generando una presión adicional sobre la economía.

A pesar de que en los últimos meses se ha visto una disminución en el tipo de cambio, el efecto inflacionario de la dolarización parece haber quedado en un segundo plano. Actualmente, los precios se encuentran por encima del aumento del tipo de cambio registrado desde el inicio de la flotación cambiaria. Los precios regulados han mostrado un aumento significativo, lo que indica que las variaciones en el tipo de cambio ya se han trasladado a los precios de los productos y servicios, exacerbando la situación inflacionaria.

En este contexto, la demanda interna también ha mostrado signos de debilidad. El gasto público y el consumo de los hogares han experimentado caídas significativas, con un descenso real interanual del 5,6% en el gasto primario. Este deterioro del poder adquisitivo se debe a varios factores, incluidos la disminución del empleo, la reducción del salario real y las restricciones en el acceso al crédito. Este conjunto de circunstancias plantea un escenario desafiante para las empresas, que enfrentan una merma en la demanda y, por ende, limitaciones para crecer y mantener precios estables.

En conclusión, la caída en la demanda de pesos, aunque ha mostrado un leve repunte recientemente, continúa planteando serios desafíos para la economía argentina. La combinación de factores como la dolarización, el aumento de precios y la contracción del consumo interno podría seguir exacerbando la situación inflacionaria en el país. Es crucial que tanto el gobierno como el sector privado tomen medidas efectivas para mitigar estos efectos y fomentar un entorno económico más estable y predecible para todos los actores involucrados.