La situación del empleo asalariado en Argentina ha mostrado un deterioro alarmante en el último tiempo, especialmente durante el año 2025. Según un informe reciente, el salario mínimo real se ha visto afectado drásticamente, llegando a perder casi un 38% de su poder adquisitivo desde noviembre de 2023 hasta febrero de 2026. Este descenso ha llevado al salario mínimo a niveles que no se veían desde el año 2001, lo que plantea serias preocupaciones sobre la calidad de vida de una gran parte de la población trabajadora del país.

A diciembre de 2025, el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) registraba aproximadamente 10 millones de asalariados formales, tanto del sector público como privado, incluyendo el trabajo doméstico. Esta cifra refleja una estabilidad engañosa, ya que en realidad representa una disminución de 109.000 empleos en comparación con el mismo mes del año anterior, lo que se traduce en una caída del 1,1% en el empleo formal. Este panorama se agrava aún más si se considera la comparación con noviembre de 2023, donde la pérdida de empleo alcanzó las 289.000 posiciones, es decir, un 2,8% menos.

El análisis geográfico de la disminución del empleo revela que 14 provincias se vieron afectadas, destacándose San Luis, Chaco y Catamarca como las que experimentaron las caídas más significativas en términos porcentuales. En contraste, algunas jurisdicciones como Corrientes, Neuquén y Formosa lograron registrar incrementos en el empleo, lo que evidencia la disparidad en la recuperación económica entre diferentes regiones del país. Sin embargo, este crecimiento es insuficiente para contrarrestar la tendencia general de pérdida de puestos de trabajo.

El salario mínimo vital y móvil ha enfrentado una serie de recortes en su poder adquisitivo, experimentando siete meses consecutivos de caídas hasta febrero de 2026. En ese mes, se registró una baja adicional del 2%, en un contexto donde los precios continuaron aumentando de forma acelerada. La situación se tornó crítica especialmente en septiembre y octubre de 2025, cuando el salario mínimo se mantuvo estancado en $322.200, mientras la inflación seguía en ascenso, erosionando aún más el poder de compra de los trabajadores.

El informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) detalla que desde diciembre de 2023, el salario real comenzó a descender de manera abrupta, con una caída inicial del 15% en enero de 2024, seguida por otra disminución del 17% el mes siguiente. Los investigadores han subrayado que en estos meses, los aumentos nominales del salario mínimo fueron insuficientes para igualar la variación de precios, consolidando así un ciclo de pérdida de poder adquisitivo que parece difícil de revertir.

A pesar de que en ciertos meses el aumento nominal del salario mínimo logró igualar o incluso superar la inflación, esto no ha sido suficiente para cambiar la tendencia general de deterioro. El impacto acumulado de la crisis inflacionaria y la disminución de los ingresos han llevado al salario mínimo real a un nivel más bajo que el que se registraba antes de la crisis económica de los últimos años. La situación actual plantea un desafío urgente para las políticas económicas y laborales del país, que deberán enfocarse en la recuperación del poder adquisitivo y en la creación de empleo de calidad para revertir este preocupante escenario.