El empleo formal en el sector privado ha mantenido un estancamiento notable en los últimos 30 meses, reflejando una tendencia similar a lo largo de los últimos 15 años. Según datos desestacionalizados, el índice de empleo asalariado formal alcanzó un nivel de 130 en agosto de 2010 y se mantiene en ese mismo punto en diciembre de 2025. Aunque se han observado ligeras oscilaciones en este período que podrían interpretarse como indicios de un crecimiento en la productividad, estas variaciones son más bien consecuencia de ciclos económicos a corto plazo, sin un impacto real en el crecimiento del empleo formal en el largo plazo.
El contexto macroeconómico ha influido decisivamente en el comportamiento del mercado laboral formal en este tiempo. Se ha evidenciado un estancamiento en la creación de empleo productivo formal, junto con un aumento en otras modalidades de empleo, como los trabajadores informales y los cuentapropistas, así como un crecimiento en el empleo público. En 2017, año considerado el mejor en términos de empleo privado asalariado formal y PBI, este último indicador superó en un 3,7% su nivel de 2025.
En los últimos dos años, se han producido cambios significativos en el empleo público y en la cantidad de monotributistas sociales, con una disminución notable en el gobierno federal y variaciones en provincias y municipios. Esta reducción ha llevado a una caída del 3% en el total de ocupados formales en diciembre de 2024. Aunque estas transformaciones son un avance hacia la reducción del desempleo oculto, aún son insuficientes. Para que el mercado laboral funcione adecuadamente, es fundamental que se implementen reformas estructurales que acompañen a la recuperación macroeconómica, permitiendo un crecimiento sostenido que fomente la formalización laboral y una mayor demanda de empleo.



