El mercado cambiario se encuentra en una fase de ajuste, con el dólar oficial mayorista cotizando a $1.382, lo que representa una disminución sostenida durante tres meses consecutivos. Por su parte, el dólar blue ha cedido a $1.410, mientras que el Contado con Liquidación (CCL) cerró por debajo de los $1.502,96. En este contexto, los ADRs han mostrado un notable incremento y el riesgo país ha experimentado un leve retroceso, lo que sugiere una jornada de movimientos significativos en el ámbito financiero.

A medida que se aproxima el feriado de Pascuas, el mercado se enfrenta a una serie de publicaciones relevantes tanto en el ámbito local como internacional. Se espera que ARCA divulgue su informe de recaudación tributaria correspondiente al mes de marzo, junto con los datos sobre el consumo de cemento, un indicador clave de la actividad económica. En el plano internacional, la atención se centrará en el Producto Bruto Interno (PBI) del Reino Unido, que se publicará para el cuarto trimestre de 2025. Además, la situación geopolítica, especialmente la continuidad del conflicto con Irán y la posibilidad de una tregua anticipada por Donald Trump, continúan generando incertidumbre en los mercados.

La inflación proyectada para abril se mantiene en niveles similares a los de marzo, principalmente debido al aumento de los precios de los combustibles, influenciados por la guerra en Medio Oriente. Esta situación podría llevar a una oferta más estable de dólares, impulsada por la liquidación de la cosecha gruesa. Sin embargo, los analistas no descartan la posibilidad de un leve incremento en el tipo de cambio. A su vez, se anticipa que las tasas de interés podrían descender tras un alivio en los encajes bancarios, aunque todavía persisten dudas sobre el impacto real que esto tendrá en el crédito al consumo.

El economista Christian Buteler ha señalado que la inflación en abril probablemente refleje el efecto de segunda ronda derivado del aumento en los precios de las naftas, que ya han subido más de un 20% en marzo. Según su análisis, el incremento en el precio del combustible tiene un impacto inmediato y posterior en otros productos que dependen de su distribución. Este fenómeno sugiere que la presión inflacionaria podría mantenerse en niveles elevados durante el mes en curso.

En un giro inesperado, el oro, que tradicionalmente se considera un activo refugio en tiempos de incertidumbre, ha sufrido una caída significativa, cerrando el mes con una disminución de más del 10%, la peor desde 2013, situándose en niveles de 4.600 dólares por onza. Este descenso es alarmante, especialmente considerando que en enero el metal precioso había alcanzado picos de 5.500 dólares. Analistas del mercado de metales preciosos vinculan este comportamiento a la fortaleza del dólar y al aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, que han escalado en medio del conflicto en Irán.

La aparente contradicción de que el oro haya caído en medio de un aumento en el riesgo geopolítico es un tema de debate entre los expertos. El mercado parece interpretar que el incremento en el precio del petróleo podría desencadenar una mayor inflación, lo que a su vez llevaría a un aumento en las rentabilidades de la deuda estadounidense. Cuando los bonos se vuelven más atractivos, el interés en el oro, que no genera rendimientos, tiende a disminuir, lo que explica en parte su reciente desempeño negativo.