La crisis energética en Cuba se acentúa con el anuncio de nuevos cortes de electricidad programados para este miércoles, que afectarán simultáneamente hasta el 63% de la población. Este alarmante dato fue divulgado por la Unión Eléctrica (UNE), que anticipa un día complicado en términos de suministro energético, especialmente en el horario de mayor demanda. Esta situación se convierte en un reflejo de la profunda crisis que atraviesa la isla, la cual ha sido exacerbada por factores tanto internos como externos, incluyendo un embargo petrolero enrarecido por la política estadounidense.
Desde mediados de 2024, la nación caribeña ha lidiado con un colapso en su sistema energético, que se ha agravado a partir de enero por la presión internacional y las restricciones impuestas por Estados Unidos. La ONU ha catalogado estas acciones como contrarias al derecho internacional, lo que ha tenido efectos devastadores en la economía cubana. En este contexto, la UNE ha informado que la capacidad de generación para la tarde-noche será de apenas 1.230 megavatios (MW), cuando la demanda total alcanzará los 3.250 MW, lo que genera un déficit de 2.020 MW.
La situación es particularmente crítica en la capital, La Habana, donde los cortes de luz han llegado a extenderse hasta 20 horas. En otras provincias, los habitantes reportan apagones que se prolongan por 24 horas o más, lo que refleja la cruda realidad que enfrenta la población en su día a día. Este panorama de escasez energética se ha convertido en un tema recurrente en la vida de los cubanos, quienes deben adaptarse a esta nueva normalidad, que impacta no solo en la calidad de vida, sino también en la economía local.
La UNE, que opera bajo el Ministerio de Energía y Minas, ha señalado que la falta de mantenimiento y las averías en las plantas generadoras son parte del problema estructural que enfrenta el sistema energético cubano. En este momento, ocho de las 16 unidades de generación termoeléctrica están fuera de servicio, lo que representa una pérdida significativa en la capacidad de producción. Este tipo de generación es responsable del 40% del mix energético del país, aunque esta parte no se ve afectada directamente por el embargo petrolero.
La dependencia de Cuba del diésel y el fueloil importado para la generación de energía es otro factor que complica la situación. El 40% del sistema energético se sostiene en motores que necesitan estos combustibles, y las sanciones han hecho que muchos de estos motores se detengan debido a la falta de materia prima. Solo el 20% restante proviene de gas y fuentes renovables, que, aunque son menos vulnerables, también enfrentan sus propias limitaciones.
Expertos independientes han calculado que se requieren entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para rehabilitar el sistema eléctrico. Esta cifra impresionante pone de manifiesto no solo la magnitud del problema, sino también los desafíos que enfrenta el país para lograr una solución sostenible. La crisis energética cubana es, en última instancia, un reflejo de tensiones políticas y económicas que han marcado la historia reciente de la isla, y su resolución demandará un esfuerzo coordinado y una voluntad política firme tanto a nivel nacional como internacional.



