La situación actual en Medio Oriente, marcada por las tensiones entre Irán e Israel, ha puesto en el centro de la atención internacional al Estrecho de Ormuz. Esta estrecha franja marítima, que apenas abarca tres kilómetros de ancho, es crucial para el tránsito de cerca de 20 millones de barriles de petróleo y productos refinados diarios, además del Gas Natural Licuado (GNL) que proviene de Qatar. La creciente inestabilidad en la región podría reconfigurar el panorama económico mundial, generando inquietud en los mercados energéticos.
Expertos en el sector advierten que, aunque el cierre total de esta vía marítima es un escenario extremo, la mera posibilidad de un bloqueo o el aumento de los costos logísticos ya están afectando los precios del crudo. La combinación de ataques a instalaciones clave y el encarecimiento de los seguros han generado un clima de volatilidad que podría empujar al precio del petróleo Brent a superar los 100 dólares por barril.
El ex secretario de Energía de Argentina, Emilio Apud, plantea que la situación actual presenta dos dimensiones de impacto. Por un lado, el “efecto especulación” provoca un aumento en los precios por la cobertura ante la incertidumbre. Por otro, un bloqueo físico tendría consecuencias mucho más severas. Apud explica que un incidente en la zona podría generar un caos significativo en el tránsito marítimo, ya que la infraestructura actual no podría reemplazar el volumen que quedaría varado. A pesar de estos riesgos, considera poco probable un bloqueo prolongado debido a los intereses en juego, especialmente los de Estados Unidos, quien busca evitar un aumento desmedido en los precios del petróleo que podría impactar la inflación.



